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La línea de castigo | Ahora el baloncesto es un algoritmo

Por: Rowerth Goncalves

El baloncesto venezolano atraviesa una metamorfosis vertiginosa. A varios equipos e instituciones ya no les interesa construir afición ni prestar atención a la cobertura tradicional; ahora todo gira en torno a los «creadores de contenido». Generar arraigo y fidelidad parece haber quedado atrás frente a la fórmula de contratar influenciadores para que graben un reel, un impacto que a la postre resulta efímero. ¿Qué ocurre al día siguiente del partido? ¿Volverán a respaldar la liga o simplemente desaparecerán cuando cambie la tendencia en redes sociales?

La Liga Superior de Baloncesto (lejos de aquella impulsada por Bruno D’Addezio en los años noventa) se presentó con bombos y platillos, rodeada de rostros ajenos a la cobertura diaria del tabloncillo nacional. En principio, parecía un movimiento positivo para atraer nuevas audiencias: figuras digitales que aparentaban llegar por cuenta propia. Sin embargo, con el paso de los días quedó claro que su presencia distaba mucho de ser una iniciativa genuina.

Llegó el día inaugural y el Parque Naciones Unidas se vistió de gala para recibir el torneo de la segunda mitad del año, una tradición interrumpida en 2018 cuando el grupo Somos Baloncesto —liderado por D’Addezio y con Greivis Vásquez como respaldo— asumió el mando. Ocho años después, el tercer NBA venezolano observaba el salto entre dos desde la primera fila, pero curiosamente rodeado de los mismos «creadores de contenido» de la rueda de prensa. Todos gozaban de trato preferencial y credenciales VIP, mientras la prensa acreditada era confinada a una zona mínima y precaria. Quien acude a diario a trabajar y lidiar con los rigores del oficio terminó relegado a ciudadano de segunda frente a los invitados del algoritmo.

La coincidencia fue aún mayor el domingo en Parque Miranda durante el estreno como local de Hidrocarburos de Caracas. Allí estaban los mismos perfiles asegurando con fervor en sus videos: «Hidrocarburos es mi equipo» o «Vengo a apoyar a Hidrocarburos». La pregunta se responde sola: ¿estarán en los próximos juegos o solo asistieron porque una productora pagó el traslado?

Al revisar la historia del baloncesto venezolano, encontramos instituciones como Trotamundos de Carabobo o Guaiqueríes de Margarita, con una tradición forjada desde la Liga Especial; más adelante, la época dorada de Marinos de Anzoátegui y Cocodrilos de Caracas en la LPB; o plazas como Panteras de Miranda, que conserva un público fiel a pesar de las derrotas, y Gaiteros del Zulia como bastión regional. Esos clubes construyeron su identidad a partir de buenos jugadores, espectáculo de nivel, respeto por el espectador y consideración hacia la prensa. La identidad no se compra en un paquete publicitario.

Broncos de Caracas lo intentó: instaló una pantalla gigante en Parque Miranda, contrató agencias e incluso fichó a un ex-NBA como Tyreke Evans; sin embargo, los fuegos artificiales no bastan para sostener el compromiso del aficionado. Spartans Distrito Capital transitó un camino similar con invitados de internet, aunque poco a poco ha entendido que el arraigo se construye con trabajo sostenido y vinculando a las categorías formativas.

Incorporar figuras de internet no está mal; el ecosistema de medios cambió y los tiempos son otros. No obstante, las organizaciones y las ligas deben comprender que el trato exige equilibrio. Mañana, quien garantizará la cobertura de tu equipo no será el promotor pagado por una agencia, sino el periodista o cronista que viaja en metro o en moto y que a veces resuelve sobre la marcha cómo regresar a casa entrada la noche. En términos de afición, quien sube una historia a Instagram ofrece un entusiasmo de 24 horas; el seguidor que se gana con respeto, mística y pertenencia se queda toda la vida.

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