
El baloncesto venezolano da un paso firme hacia el futuro
Al estilo del baloncesto internacional de primer nivel, la selección venezolana contará con un cuerpo técnico multidisciplinario integrado por figuras históricas del deporte nacional y estrategas con recorrido en el exterior. La reestructuración representa un avance estructural para un combinado patrio inmerso en pleno recambio generacional.
Especialistas enfocados en áreas específicas, como entrenador ofensivo, defensivo o de tiro, eran roles poco habituales en los banquillos del país. Sin embargo, Alexis Cedres, nuevo seleccionador nacional, contará en su equipo con Daniel Seoane y José Pérez Rodil como encargados de la faceta ofensiva y defensiva, respectivamente.
Seoane, quien ya estuvo al frente del banquillo nacional y guio a Venezuela a la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Santiago 2023, viene de consagrarse bicampeón en la liga colombiana con Paisas Basketball Club. Además, cuenta con experiencia internacional tras dirigir en Israel a un histórico como Maccabi Haifa. Su designación en el diseño de juego evoca esquemas de la NBA donde estrategas de perfil ofensivo, al estilo de Mike D’Antoni, potencian sistemas dinámicos.
Del costado defensivo se encargará José Pérez Rodil, “El Ruso”, pieza clave en el rendimiento reciente de Gaiteros del Zulia. Pérez, con amplio recorrido previo como analista de video, fue el arquitecto del orden defensivo del quinteto zuliano apoyado en transiciones rápidas, una identidad táctica semejante a la que buscará implantar en esta nueva etapa del quinteto nacional.
La incorporación de las leyendas
Entre las designaciones anunciadas por la Federación Venezolana de Baloncesto destacaron dos nombres de gran peso histórico: Óscar Torres y Héctor Romero.
Torres, segundo venezolano en jugar en la NBA y referente en la Euroliga y el baloncesto ruso, asumirá el rol de entrenador de tiro, una de las áreas críticas a desarrollar en el plantel. En un contexto dominado por el juego individual y el desarrollo técnico aislado, su aporte apunta a elevar los porcentajes de efectividad perimetral del jugador venezolano, vital en el baloncesto moderno más allá de la línea de 6,75 metros.
Por su parte, “Pepito” Romero asumirá la captación y seguimiento de talento en el núcleo de Miami. Ante la presencia de jóvenes de ascendencia venezolana formándose en el baloncesto colegial y universitario estadounidense, Romero liderará el rastreo de prospectos elegibles para nutrir las distintas categorías de la selección.
Esta estructura técnica plantea un cambio de paradigma para el combinado vinotinto: sustituir los éxitos aislados por una metodología de trabajo continua y sostenible en el tiempo.




